Lo que me hubiera Gustado que me cuenten Antes de Ser Mamá

Nos vendieron las historias de Disney y las telenovelas, donde las mamás se ven perfectas, radiantes, con una panza maravillosa y con una alegría constante de ser mamás.

Sin embargo, ya al serlo, nos damos cuenta que la historia es diferente. Cada una tiene una experiencia distinta. Hoy les comparto la mía, porque varias mujeres a las que he conocido han compartido ese lado real y más crudo de la maternidad.

Recuerdo cómo si fuera ayer el instante en que me enteré que iba a ser mamá, y mientras mi marido tenía la misma ilusión de lo que se venía, yo sentí desde ese instante como mi mundo cambió para siempre. Las hormonas, mis caderas, los nervios, los llantos sin explicación, el sueño pesado y los antojos, era una montaña rusa de emociones y mi cuerpo dejó de ser mío.

Pensaba en todo lo que se vendría y tenía una mezcla de emociones, muchas veces contradictorias. Ilusión de conocer a mi bebé, y miedo de no sentirme lista para esta nueva etapa, en realidad hasta hoy pienso que ninguna está verdaderamente ‘lista’ para ser mamá.

Luego, ya vísperas de mi cesárea me sentía triste por no haber podido tener un parto normal, aparte de los nervios no pegué un ojo en esa noche. Entré al quirófano con una emoción de al fin conocer a mi bebé y a la vez con el terror de la cirugía.

Ya son cinco años desde que nació mi primer hijo y recuerdo la magia del momento que pudimos vernos al fin a los ojos, hasta ahora me emociona recordarlo. A partir de ahí, surgieron mil dudas, cual pediatra será el mejor, la Mejor guardería, colegio, comida y hasta la menor decisión se volvía un dilema.

A esto se sumaba el verme a mí misma al espejo, el pánico que me daba ver mi cicatriz y los estragos del embarazo, recuerdo no “haberlo hecho” por unos cuantos meses porque no me reconocía, no me gustaba ese nuevo ‘yo’.

Me juzgaba continuamente como mamá, esposa, mujer.

¡Podemos ser tan duras con nosotras mismas!

Hoy, 5 años más tarde, y con dos hijitos, puedo decir que la maternidad es difícil, desgastante a nivel físico y emocional, sigue siendo una montaña rusa de experiencias y sentimientos. Sin embargo, ahora veo que detrás de cada decisión, más allá del miedo a un posible error, el amor que estos pequeños brindan a nuestra vida, es el motor de cada amanecer.

No juzgarnos todo el tiempo, dejar esa culpabilidad que todas sentimos ciertos días donde pensamos que nos equivocamos o algo pudimos hacer diferente.

Seamos humanas, que nuestros niños no nos vean como ‘perfectas’ si no como reales, que aprendan de la alegría y la tristeza con nuestro ejemplo, y sobretodo, sigamos dando el amor más puro, que nace en nuestros cuerpos, a partir del momento en que nos enteramos, que la vida nos regala el maravilloso don de ser mamás.

Feliz día de la Madre a todas.

Con cariño,

Daniela Ordoñez

Psicóloga Clínica 

0989013562

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