Quejarme: ¿Qué consecuencias trae a mi vida?


¿Han visto que la queja es el deporte nacional en nuestro país? ¿Se han puesto a pensar cual es el efecto de hacerlo continuamente en nuestra vida y nuestro cerebro? Hoy quiero compartirles información alrededor de esta mala costumbre que muchas veces adoptamos inconscientemente.

Muchos estudios demuestran que la mayor parte de personas se quejan una vez por minuto durante una conversación típica. Quejarnos es tentador ya que se siente bien hacerlo, como fumar un cigarrillo o comernos una pizza entera, sin embargo, al igual que estas actividades, es mala para nuestra salud.

Nuestro cerebro funciona de tal manera que al repetir una conducta, como la queja, las neuronas se van conectando automáticamente entre sí para que la información fluya más fácilmente. Esto hace que a futuro sea más sencillo repetir este comportamiento, hasta volverse tan automático que nos cueste darnos cuenta que lo estamos haciendo. Es así como el quejarnos repetidamente hace que nuestro cerebro a futuro siga repitiendo este patrón más fácilmente; de esta manera, con el tiempo, nos es más fácil ver los eventos de manera negativa, sin importar lo que esté pasando a nuestro alrededor. La queja se vuelve nuestro segundo nombre y nuestro comportamiento automático, y esto también afecta la manera en la que los demás nos perciben.

Adicionalmente, ¿Sabían que la queja afecta a un área importantísima del cerebro, llamada hipocampo, que es crucial para nuestras habilidades de resolución de problemas y pensamiento inteligente? Además, es una de las áreas principales que se destruyen cuando alguien tiene Alzheimer. No solo nos afecta a ese nivel, sino que también al quejarnos, nuestro cuerpo produce cortisol, la hormona del estrés; la cual puede volvernos más susceptibles a tener colesterol elevado, diabetes, problemas cardiacos, obesidad e incluso más vulnerables a sufrir un derrame cerebral.

Es importante comprender que no todo depende de nosotros mismos, por ejemplo, al rodearnos con gente negativa o que se queja, la tendencia es que copiemos este comportamiento; por lo tanto, la invitación es a que nos demos cuenta de con quienes estamos compartiendo nuestro tiempo; recuerden que los expertos en quejarse quieren a su alrededor gente que se una a su “miseria” para sentirse mejor con ellos mismos. Piensen de este tipo de personas como lo harían con un fumador, ¿Pasarían ustedes la tarde junto a alguien que fuma encima suyo todo el tiempo aunque ustedes no lo hagan? Pienso que la respuesta lógica es no, nos distanciaríamos, y esto es lo mismo que debemos hacer con las personas negativas y quejumbrosas.

Y si soy yo la que me quejo, ¿cómo puedo cambiar?. Primero, cuando tenga ganas de quejarme, desviar mi atención hacia una actitud de agradecimiento, donde pueda ver aquellas cosas que tengo en mi vida que me hacen afortunada. Estudios demuestran que solo el hecho de realizar este sencillo cambio, disminuye nuestro cortisol significativamente. Con el tiempo, esta forma de pensar se volverá un hábito que mejorará nuestra salud mental, reducirá la ansiedad y mejorará nuestro estado de ánimo. Finalmente, un truco para enfrentar la queja es que antes de abrir la boca y hacerla, nos detengamos a pensar si el hacerlo tiene un propósito, es decir, que lleve a la búsqueda de una solución al problema por el cual me estoy quejando; y si no encuentro un objetivo, o una solución, abstenerme de hacerlo ya que no tiene sentido. 

Recuerden todo lo que perdemos al quejarnos: Alejamos a los demás, vemos las cosas desde una óptica negativa, e incluso afectamos a nuestra propia salud mental y física. Creo que vale la pena intentar un cambio, ¿qué opinan?

Con cariño,
Daniela

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